La paz de los cementerios de Rusia: de Grozny a Mariúpol

La paz de los cementerios de Rusia: de Grozny a Mariúpol

29 de mayo 2026
29 de mayo 2026

Dos veces en el transcurso de una década, Rusia desató guerras brutales para aplastar el intento de independencia de Chechenia. Desde las ruinas calcinadas de Grozny a principios de 1995 hasta la devastación infernal del invierno de 1999-2000, seguida de una incesante purga nacional, las invasiones de Moscú dejaron cientos de miles de muertos y una república gobernada por el miedo.

Escrito por
Kyrylo Cyril Kutcher

Estas guerras no solo devastaron la nación, sino que también sentaron las bases del futuro autoritarismo y la agresión militar de Rusia.

Un combatiente checheno cerca del edificio del palacio de gobierno durante una breve pausa en los combates en Grozny. Foto: Mikhail Evstafiev.

Un combatiente checheno cerca del edificio del palacio de gobierno durante una breve pausa en los combates en Grozny. Foto: Mikhail Evstafiev.

Años después, Mariúpol sufrió un destino similar. Ambas ciudades, con poblaciones de alrededor de 450.000 habitantes antes de los asaltos, se convirtieron en campos de prueba del despiadado “manual de Grozny”: cercar, aterrorizar y arrasar. El camino de Grozny a Mariúpol no es solo una línea de escalada militar, sino un patrón de represalia imperial contra quienes se atreven a resistir el dominio de Moscú.

Primera invasión rusa de Chechenia

Negociar con Moscú solo pospone el terror final. Como señala el investigador Johannes Socher en su obra Rusia y el derecho a la autodeterminación en el espacio postsoviético, la primera invasión rusa de Chechenia y el bombardeo de su capital, Grozny, comenzaron en 1994 porque una República Chechena de Ichkeria independiente era incompatible con la interpretación imperial del Kremlin sobre la soberanía rusa, mientras que el pueblo checheno no deseaba renunciar a su propia soberanía en favor de la asimilación colonial dentro del llamado “Mundo Ruso”.

A pesar de la desolación de Grozny, descrito como “la campaña de bombardeos más intensa en Europa desde la destrucción de Dresde”, que se extendió desde diciembre de 1994 hasta febrero de 1995 y causó la muerte de casi 27.000 civiles solo en las primeras semanas, el ejército ruso fue finalmente expulsado de las ruinas de la capital en agosto de 1996.

Parte de un edificio de apartamentos dañado en Grozny. Foto: Michal Vogt

Parte de un edificio de apartamentos dañado en Grozny. Foto: Michal Vogt

Obligada por el revés militar a firmar el acuerdo de paz de Jasavyúrt, negociado por la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), Rusia aprovechó el tiempo para reconstituir sus fuerzas. Una vez preparadas, el nuevo Primer Ministro y futuro Presidente, Vladímir Putin, reanudó los bombardeos aéreos y lanzó una nueva invasión en 1999.

Segunda invasión rusa de Chechenia

La arrasada Grozny se convirtió en un sombrío anticipo del modelo de “pacificación” de Putin. Desde finales de septiembre de 1999 hasta principios de febrero de 2000, el Estado ruso desató una potencia de fuego prácticamente ilimitada sobre la capital chechena: los bombardeos en alfombra y los ataques con misiles, combinados con incesantes salvas de artillería, redujeron la ciudad a un páramo.

Los bombarderos rusos sembraron el terror casi a diario, con un promedio de 1.500 misiones al mes, frente a poco más de 400 al mes durante la Primera Guerra Ruso-Chechena, según las estimaciones. Los ataques aéreos alcanzaron su punto máximo con 250 misiones el 24 de enero de 2000 y un total de 2.160 durante las últimas dos semanas de enero. Aunque se necesitaron diez años más de cruenta lucha para “pacificar” a los guerrilleros chechenos en el resto del recolonizado país montañoso, Grozny cayó finalmente a principios de febrero y la bandera rusa fue izada sobre las ruinas inhabitables de lo que una vez fue una ciudad vibrante, hogar de cerca de 450.000 personas en 1994, antes de la primera invasión rusa.

Tropas rusas enterrando cadáveres en una fosa común en Chechenia durante la Segunda Guerra Chechena. Foto: Natalia Medvedeva

Tropas rusas enterrando cadáveres en una fosa común en Chechenia durante la Segunda Guerra Chechena. Foto: Natalia Medvedeva

El “manual de Grozny” en Mariúpol

Trágicamente, la ciudad portuaria ucraniana de Mariúpol se convirtió en 2022 en una Grozny moderna. Antes del primer intento ruso de tomar la ciudad en mayo de 2014, su población era de poco más de 450.000 personas. Tras recuperar las fuerzas ucranianas el control de la ciudad en junio de 2014, y hasta 2022, los rusos atacaron la ciudad solo una vez, pero de forma letal (29 muertos y más de 90 heridos), el 24 de enero de 2015. Sin embargo, al sitiar la ciudad durante casi 90 días entre febrero y mayo de 2022, las fuerzas aéreas, terrestres y navales rusas destruyeron más del 90% de sus edificios residenciales e instalaciones médicas.

Según el alcalde de la ciudad, solo en los primeros dos meses, “los ruscistas mataron a más de 20.000 residentes de Mariúpol”, comparándolo con los 10.000 muertos bajo la ocupación militar nazi durante los dos años de 1941-43. Los rusos siguieron el “manual de Grozny”: rodearon la ciudad, cortaron los suministros y la bombardearon sin cesar.

La intensidad y el carácter indiscriminado de la potencia de fuego descargada sobre Mariúpol eran demasiado incriminatorios incluso para que el Estado ruso se jactara públicamente de ello. Para el 2 de marzo, “los bombardeos y ataques aéreos casi constantes” hacían imposible el movimiento de civiles por la ciudad.

“El cielo les pertenecía, y hacían lo que querían” — así describió la situación un residente de Mariúpol: el 9 de marzo de 2022, un bombardero ruso lanzó una bomba incendiaria de fragmentación de 500 kg sobre el hospital n.º 3, destruyendo sus unidades de maternidad y pediatría repletas de pacientes.

El 16 de marzo, otras dos bombas del mismo tamaño impactaron contra el principal teatro dramático de la ciudad, matando a cerca de 600 de los aproximadamente mil civiles que se refugiaban en su interior — a pesar de que la palabra “NIÑOS” estaba claramente escrita en ruso frente al edificio, con un tamaño visible desde más de 500 metros de altura desde el aire.

Teatro dramático de Mariúpol destruido por un ataque aéreo ruso. Foto: Administración Militar Regional de Donetsk.

Teatro dramático de Mariúpol destruido por un ataque aéreo ruso. Foto: Administración Militar Regional de Donetsk.

Los rusos sometieron la ciudad a bombardeos masivos con armas explosivas diseñadas para afectar la mayor área posible, incluidos ataques aéreos, municiones de racimo, sistemas de cohetes de lanzamiento múltiple, misiles, artillería pesada, tanques e incluso bombardeos navales. A nivel internacional, el liderazgo ruso negó la realidad, desvió la culpa hacia Ucrania, proclamando su inocencia y negando toda participación: “El ejército ruso no ataca instalaciones civiles”, declaró Putin en junio de 2022 en la cumbre de Turkmenistán, respondiendo a una pregunta de periodistas internacionales sobre los ataques terroristas rusos en Ucrania.

Las consecuencias del ataque al edificio de medicina infantil y maternidad de Mariúpol, 9 de marzo de 2022. Foto: Armyinform.

Las consecuencias del ataque al edificio de medicina infantil y maternidad de Mariúpol, 9 de marzo de 2022. Foto: Armyinform.

El patrón de la “liberación” de Putin ha sido inconfundible: cercar, bombardear sin piedad, avanzar luego sobre las ruinas y proclamar inocencia y valentía. Otras ciudades ucranianas, aunque más pequeñas, han sido igualmente arrasadas por los rusos — Volnovakha, Severodonetsk, Mariinka, Soledar, Bajmut — y la sombría lista continúa creciendo. Grozny y Mariúpol son representaciones simbólicas del tipo de “paz” que aguarda a quienes desafían al invasor y son abandonados, sin suficiente poder militar para resistir de forma efectiva y punitiva.

A pesar del notable éxito en detener la Primera invasión rusa y de un acuerdo de paz negociado por Occidente, Grozny fue abandonada para enfrentarse a Moscú en solitario, con apenas una expresión simbólica de simpatía de la comunidad internacional durante la Segunda invasión. Enclavado entre el Estado ruso y las montañas del Cáucaso y limitado a sus propios recursos desproporcionadamente menores, el pueblo checheno fue abrumado por la brutalidad de los rusos, y su tierra fue arrasada por el modelo de paz de Moscú: la paz de un cementerio. De forma atroz, Mariúpol, sitiada por tierra y por el mar de Azov, corrió la misma suerte.

El material ha sido preparado por

Autor:

Traducción:

Administradora de contenido,

Coordinadora de content managers:

Kateryna Yuzéfyk

Juan Gonzalez

Iryna Stepaniak

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